Nacido en Egipto, se dice que Antonio Abad, también conocido como Antón Abad, vivió 105 años; acumuladas décadas que atestiguaron la filosofía del eremita, y que según se cuenta entre creyentes católicos, purificó su alma a través de la absoluta negación de toda tentación, confinándose en el desierto, en las colinas y únicamente interactuando cuando de ayudar a otros se trataba.
Desde Diego de Vélazquez, pasando por Cézanne, Francisco de Zurbarán, el Bosco, Diego Rivera, hasta Leonora Carrington, la férrea actitud del monje ante las adversidades que implica la vida, ha sido un tema recurrente en lo pictórico, siendo la naturaleza y los animales, elementos presentes en algunas obras que retratan su lucha y perseverancia. No obstante, el misticismo generado alrededor de él y la influencia que tuvo en el reino animal llegaría hasta el texto biográfico elaborado por San Jerónimo sobre Pablo de la Tebaida, otro eremita quien fue auxiliado por Antonio Abad y sepultado por él, apoyado por dos leones, según se dice.
Asimismo, se cuenta que un día, una jabalina se le acercó, desesperada y suplicante, acompañada de sus crías ciegas. El monje curó a los cachorros de su ceguera y a partir de dicho momento, la madre no se separaría de él, defendiéndolo ante cualquier peligro. Desde entonces, es considerado patrono (el que cuida) de los animales.