

Bantú nació en 1991 en el zoológico de Chapultepec, hijo de Dinga y Mahari, gorilas occidentales de las tierras bajas, una especie en peligro de extinción que solo se encuentra en el suroeste de África.
Los gorilas están protegidos por encontrarse al borde de la extinción debido a la caza furtiva. Son una especie clasificada como “Críticamente en peligro”.
Bantu, de casi 25 años, sería trasladado al zoológico de Guadalajara para buscar su reproducción, pero a las 9:30 del 6 de Julio, murió por un paro respiratorio luego de ser anestesiado por el personal del zoológico.
El cadáver de Bantú fue abierto y completamente destazado en la necropsia, hecho que indignó a muchas personas. Expertos comentaron que no era necesario.

Bantu nunca tuvo la esperanza de ser liberado, ni de formar una familia, ya que como sucedió en su infancia, los gorilas son separados de sus familias para ser vendidos o intercambiados con otros zoológicos para su exhibición.
Los primates son los animales que más requerimientos tienen cuando se encuentran en cautiverio; tienen necesidades físicas y sociales que no pueden ser cumplidas por un zoológico como el de Chapultepec. Bantu vivía solo, mientras que los gorilas en libertad viven en grupos de 2 a 20 individuos. En cautiverio, la mayoría de los animales silvestres no pueden expresar sus comportamientos normales y naturales, y en muchas ocasiones presentan comportamientos redirigidos y estereotipias (conductas repetitivas sin un propósito particular), autolaceraciones y otras conductas negativas generadas por estrés, resultado de no poder adaptarse a un espacio inadecuado, a su prisión.
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