Han transcurrido 33 años desde que los primeros activistas pertenecientes a la organización americana en defensa de los derechos animales, Last Chance For Animals (LCA por sus siglas en inglés) se apostillaron en las calles de Los Angeles, California, marcharon y alzaron, valientes, sus pancartas que delataban la cruenta realidad detrás de la terrible industria peletera.